El ambiente artístico argentino amaneció atravesado por una noticia que generó tristeza y conmoción. La despedida de una figura querida, respetada y profundamente comprometida con su oficio dejó una huella que va más allá de los escenarios. Se fue una actriz, pero también una formadora incansable, alguien que eligió construir desde el trabajo silencioso y la vocación genuina.
Dolor en el espectáculo por la muerte de Gaby Ferrero
El mundo del espectáculo argentino atraviesa horas de profundo dolor por la muerte de Gaby Ferrero, actriz y docente de extensa trayectoria, quien falleció a los 64 años. Su partida deja un vacío enorme no solo en el teatro, el cine y la televisión, sino también en el ámbito de la formación artística, donde fue una referente comprometida y respetada.

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La noticia fue confirmada por la Asociación Argentina de Actores, que la despidió con un mensaje cargado de reconocimiento, destacando su sensibilidad artística y su sólido recorrido dentro de la escena nacional. En el comunicado, la entidad acompañó a su familia y afectos, aunque no se informaron las causas del fallecimiento.
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De perfil bajo y con una vocación inquebrantable, Gaby Ferrero construyó una carrera marcada por la coherencia, la constancia y el compromiso. Desde mediados de la década del 90, volcó gran parte de su energía a la docencia, formando a niñas, niños, adolescentes y estudiantes universitarios, con una mirada integral que combinaba técnica, sensibilidad y escucha.
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Su formación fue tan amplia como rigurosa. Estudió actuación con referentes como Ricardo Bartís, Javier Daulte, Pompeyo Audivert y Alejandro Maci, y profundizó en dirección teatral junto a Juan Carlos Gené y Guillermo Cacace. A lo largo de los años sumó herramientas de clown, danza, tango, técnica vocal, escritura, composición musical y musicoterapia, además de acreditarse como profesora de Educación Inicial.
A lo largo de su carrera, Gaby Ferrero dejó una huella firme en la televisión y en las plataformas, con interpretaciones que quedaron en la memoria del público. Entre sus trabajos más destacados se encuentra Santa Evita, donde encarnó a Juana Ibarguren, la madre de Eva Perón. Además, formó parte de numerosas ficciones como Graduados, Trátame bien, El donante, La Lola, Amas de casa desesperadas, Doce casas, Cuéntame cómo pasó y el Ciclo de terror de Canal 7, entre muchas otras producciones.
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Su paso por el cine fue igual de contundente. Integró elencos de películas como La flor, Los que aman odian, Cetáceos, La mirada invisible, Séptimo, El crítico y La tercera orilla, demostrando siempre una versatilidad notable para habitar registros muy distintos sin perder identidad.
El teatro fue, quizás, su territorio más íntimo. Actuó en obras como La memoria futura. Voces de las abuelas, Bodas de sangre, El vestidor, Mi hijo sólo camina un poco más lento, UMBRiO y Un mechón de tu pelo, entre muchas otras. Sobre el escenario, su presencia era firme, sensible y honesta, lejos del golpe de efecto y cerca de la verdad.
